La Cámara Nacional de Radio, entidad que aglutina a la mayoría de las radios costarricenses, lanzó una campaña en la cual acusan a las casas discográficas de imponer un cobro abusivo por el uso de la música.

Según CANARA, este cobro pretende que TODOS los seres humanos paguen si oyen una canción; en el carro, en una fiesta, en una actividad comunal, etc.

¡Pero esto no es así!

Los Derechos Conexos son un derecho que tienen tanto los productores fonográficos como los artistas. Se establecieron en la Ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos, promulgada en 1982 y en los acuerdos internacionales de Propiedad Intelectual suscritos por Costa Rica desde la década de los setenta. Aunque la legislación nacional en materia de derechos de autor y derechos conexos tiene poco más de 19 años de existir, hasta ahora se logró que los intérpretes y ejecutantes musicales nos organizáramos para hacer efectivo este reconocimiento.

¿Y qué son los Derechos Conexos? Son la retribución económica que reciben los artistas y los productores fonográficos por el uso comercial que se haga con su trabajo (su música y sus discos).

Por ejemplo, una emisora de radio juvenil transmite una gran cantidad de música, y por medio de la audiencia que capta, percibe grandes ingresos por venta de publicidad. ¿Qué pasaría si esta emisora no transmitiera pop, rock o reguetón? Tal vez no tendría la misma cantidad de oyentes, que le permite decirle a las empresas: “Anúnciese conmigo”.

De la misma forma, un bar que se anuncia como “lo mejor del rock de los ochentas” o el “mejor ambiente tropical del país” está utilizando la música como gancho para atraer clientes. Si el bar no tuviera música, no tendría ambiente.

Esto es lo que se considera hacer un uso comercial de la música.

Las emisoras de radio quieren seguir utilizando la música como su materia prima sin pagar Derechos Conexos. Es como si el panadero pretendiera que le dieran harina y no pagar por ella. Como si el verdulero fuera a un lugar a que le regalen las naranjas. Como si al pulpero le regalaran los víveres para luego venderlos.

En conclusión, el que hace plata con la música es el que paga, vos no.

Cuando comprás un disco, ya pagaste por el derecho de escucharlo en tu casa, en la playa, en tu computadora, en tu carro o con tus amigos, es decir, en un ámbito privado y sin que saqués provecho económico por ello.

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